viernes, 29 de noviembre de 2013

mi lugar

A veces lo encuentro en un lugar, me encuentro en un lugar, en muchos tal vez, puede ser aquí o allá, y es que mi lugar no es un lugar, es un momento; ese donde cierro los ojos, la luces neón relampaguean al ritmo del bombo, ese bombo sucio y pegajoso. Combinando sonidos extravagantes a un solo ritmo. Constante ritmo que retumba mi cabeza, a veces influenciado por el alcohol. No siempre. Hace mi cuerpo rebotar de un lado a otro, pareciera que cada parte de mi cuerpo se independizara y anárquicamente tomara su camino. Sin sentido. No hay necesidad de palabras, solo sentimiento, solo movimiento. No importa el origen de este sonido, siempre se las ingenia para entrar por los oídos y sacarme una sonrisa. Tan natural como un niño llora al nacer. A veces con amigos, a veces en soledad. A veces en la regadera, a veces en el centro. A veces en la disco, a veces en el carro. En la camioneta, sentado frente a la computadora, viendo la televisión. Me siento lleno de vida, esa sonrisa natural solo significa una cosa. Una paz interior real. Ese lugar donde no me puedo sentar, no se puede acariciar, no se puede ver, no se puede llegar simplemente a pie. Ese lugar solo lo encuentro en mi cabeza. Al cerrar los ojos y escuchar. Bombos, sintetizadores, sonidos eléctricos armonizados de tal manera que me siento volar. Palabras sin sentido, palabras con sentido que solo quieren expresar un sentimiento. Bailar. Mover la cabeza sin cesar. Sentir que todo lo puedo lograr. Me sumerjo dentro de ella. La siento mía. Es mía. Mi perfección. Mi música. Mi lugar favorito. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El niño

El niño sonríe felizmente con una nota en la mano, se la entregó al señor de la garita de su lugar de estudios, donde sus padres firmaban el permiso de salida después de clases para cambiar su bus diario con el carro de la mamá de su amigo de aventuras. Diego. Invitó a todas las niñas y niños de la clase a celebrar su séptimo cumpleaños. No era costumbre salir del colegio en carro, era toda una nueva aventura. Abordaron desesperadamente todos los niños el carro de la mamá en busca de compartir el día de Diego juntos. Para ellos todo se resumía a jugar. Cantando, gritando iban todos en el carro. El niño siempre más pequeño que todos los demás, sonreía tímidamente con los chistes del más ocurrente. Sebastián. Hasta la mamá de Diego reía a carcajadas. El niño recordó las palabras de su abuela que decían que su papá lo iba a recoger después de la celebración. Abre sus ojos grandes y llenos de resplandor. Consciente que a su padre solo veía los fines de semana el niño compartía la felicidad de la noticia con la ansiedad de verlo  entre semana.
Era uno de esos lugares donde los niños son libres de hacer lo que quieran siempre y cuando no salgan del restaurante. Resbaladeros de colores, piscina de pelotas, túneles y pasadizos. Toda una maraña que libera la mente del niño. Juega a ser piloto de carros, viaja a las grandes profundidades del océano, compite por ser el más veloz del mundo. Pero su mente está ocupada por su padre. Espera ansiosamente ese momento en que lo verá. Sentirá su olor a cigarro mezclado con loción de prestigio. Sentirá sus manos grandes y fuertes abrazándolo y cantando para él. Espera ansiosamente las historias donde su padre suena como héroe.
Es hora del pastel. La celebración está por terminar. El momento de verlo se acerca. Bajan rápidamente todos de diferentes direcciones amontonándose cerca del pastel para ser los primeros en la fila y ver de frente la acción. Todos quieren soplar. Sudado el niño se queda hasta atrás aplaudiendo por su amigo Diego. Todos ríen y cantan mientras el niño no ve nada. Aplaude por instinto. Mueve su cabeza y se cambia de lugar tratando de ver. No lo logra. Pide amablemente permiso para acercarse.  Así acaba el canto. Ignorado.
Siempre sigue las instrucciones de las mamás y se sienta esperando su pedazo de pastel. Ve como todos reciben su pedazo sin sentarse y se molesta. Se siente olvidado. Engañado. Nunca fue el favorito de nadie. Solo estaba invitado porque “nimodo”. Come su pastel sentado, pensando. Se pregunta muchas cosas. Se siente triste. Poco a poco los niños se van a casa, se va quedando solo, algunos se despiden algunos lo ignoran. Tres compañeros de clase siguen ahí. El cumpleañero hace el recuento de sus regalos y su papá los guarda en su vehículo. Se siente triste. Su padre no aparece por ningún lado. Piensa en ir a casa del cumpleañero para no quedarse solo. Olvidado.

Espera junto a la ventana mirando el parqueo. Las gotas de sudor se secan en su frente. Diego se va. Un carro azul se acerca a la ventana para parquearse, es el único que queda. Poco a poco la furia se apodera de él. Sabe que su papá ha llegado. Se siente molesto porque lo ha hecho sentirse abandonado. Abre su boca para expulsar lo que siente con un grito. Justo su padre sonríe al verlo, le guiña y sonríe de nuevo. Todo sentimiento se olvida. ¡Pápa! Corre hacia él y lo abraza. Siente su olor y se siente en casa. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Asesinato

Después de asesinarlo cruel, vil y fríamente, ella escapó con su nuevo amor, ensangrentada.  La esperaba con el carro encendido a orillas de la carreta. Abandonó su cuerpo  aquella noche sin motivos ni razón. Murió solo. Lunas consecutivas iluminaron y ocultaron como se degradaba el cuerpo lentamente. Consumido el tiempo necesario, una pequeña luz se acercó al cuerpo putrefacto y mal oliente. Entró por los ojos del susodicho,  lo tomó con sus pequeñas manos y lo hizo suyo. Una bocanada de aire entra de nuevo por la boca del cadáver. Poco a poco retoma lo que una vez fue suyo por naturaleza, sus ojos brillan de nuevo, músculos grandes y fuertes se regeneran a pasos agigantados. Su corazón vuelve a latir. Ha vuelto a la vida. Vivir para siempre junto a la pequeña luz es mucho decir. Hasta pronto muerte. Se despidió de ella esperando su reencuentro no sea pronto. Dejando atrás aquel lugar donde fue asesinado. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

La casona

Nuevos inquilinos habitan la vieja casona del centro. Por las noches, nadie se atreve a salir, de la fuente inservible se escuchan cantos religiosos de tiempos antiguos. Dicen que la señora los gozaba tiempo atrás. Nadie dormía en paz, las luces de la cocina encendidas, el agua corre. Una y mil noches sucedió igual. La niña más pequeña siempre curiosa, temía el regaño de sus padres para ir a investigar. Un viaje la hizo por fin visitar la cocina. Las luces encendidas y el grifo de nuevo haciendo su acostumbrada rutina. Se armó de valor y abrió la puerta. Todo oscureció. El canto resuena en su oído. Despavorida corre hacia su cuarto buscando protección. En su cama, la señora, por fin pudo descansar.

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