martes, 7 de enero de 2014

El mar y la luna


Tuvieron su historia, contaron su leyenda, de generación en generación se ha alargado esta historia. Algún tiempo atrás fueron juntos uno solo. La luna siempre brillaba desde las alturas, joven, coqueta, siempre admirada por todos. Toda una dama. El océano, no tan joven, no tan inquieto, frío, calculador. Tuvo grandes amores en el pasado, pero ninguno lo hizo desvariar tanto como esta pequeña. Admiraba desde abajo su gran belleza, el brillo que emanaba lo hacía suspirar. Sus aguas tranquilas se movían mientras cantos se escuchaban desde las profundidades, quería llamar la atención de la luna. Cantaba y cantaba, día y noche, cantaba. Nunca fue escuchado. Siempre ignorado. Decidió así volver a su sueño esperando un nuevo amor.

Admiraba desde su altar la luna las grandes estrellas lejanas. El viejo sol, su amigo, le contaba grandes hazañas de sus compañeros. Siempre quiso la luna acompañarse de uno de ellos. Siempre le dijeron que había que acompañarse de una estrella para nunca sentirse sola. Inquieta y nunca convencida como siempre, buscaba un poco de aventura en su vida, aburrida de estar en su trono la joven luna bajó a beber un poco de agua de mar, mostrando su belleza iluminó su camino como una reina, el gran azul despertó de su letargo al sentir a la luna revoloteando dentro de él, osado se presentó a la luna, sorprendido de tanta belleza no pudo siquiera hablar. Pasados un par de minutos, se armó de valor. –Creí que eras más alta. Dijo el mar desesperado. La luna sonrió un poco ignorando el comentario tonto. –Soy la luna. Tú eres, como le dicen, ¿El mar? Sonrojado el mar apenas pudo asentir con la cabeza.

El mar y la luna comenzaron así bajo la luz del viejo faro esta pequeña historia que les cuento ahora. El mar salpicando a la luna, se divertían juntos sin miedo a nada. Sobre la playa la luna corría para no ser atrapada, el mar con más fuerza se lanzaba sobre ella, carcajadas llegaban a los confines del nuevo mundo. Jugaron hasta el amanecer. La pequeña luna agotada de felicidad  regresó antes que el Sol se diera cuenta que no estaba en su silla allá arriba. El mar extasiado sonríe al verla partir, con un tono entristecido le pregunta, -¿Te volveré a ver? – Lo pensaré. Responde sonriendo.

Desde entonces, la luna baja cada atardecer para jugar junto al mar, la luna juega a estar enamorados,  Azul, piensa en la luna durante todo el día, la extraña, no pudo resistir enamorarse de ella. Pasaron los días y las noches así, la luna jugando, el mar enamorándose. Creía en sus palabras, sonaban tan sinceras que no podía ser que le estuviera mintiendo. Cada día el mar se enamoraba un poco más de la luna. Dicen que la luna nunca quiso al mar por no ser estrella. Aburrida, decidió un día la luna no bajar más a jugar con el mar, esperando ser iluminada por aquella estrella lejana.  Azul,  nunca derrotado canta desde entonces día y noche, esperando el momento en que la luna vuelva a bajar para jugar. 

Coyuntura

Desgarro emocional del alma por la coyuntura del corazón y el pensamiento, desde los inicios emocionales del corazón hasta la tardía razón ha habido en mi alma un desgarro por no saber a cuál obedecer, desgarro que no supe soportar, vencido a veces por un lado me fui por el corazón, cayendo en un vacío por darlo todo me he quedado solo. Por razonarlo tanto he perdido oportunidades invaluables, teniendo en la cara la mejor de sus virtudes, las he perdido. Poco a poco se han encontrado sus caminos y ya no se hacen tan opuestos. Sé que llegará el día que jalaremos los tres juntos hacia el mismo lugar. 

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